Toyota del Perú y Volcan Compañía Minera evalúan un pick-up 100% eléctrico en una operación subterránea de Junín para medir su desempeño real en minería. La prueba arrancó el 29 de junio en la unidad minera San Cristóbal-Carahuacra y busca datos concretos sobre autonomía, consumo energético, recarga, desempeño y confiabilidad.
El objetivo va más allá de un test de manejo convencional. La marca quiere saber cómo responde el vehículo frente a desniveles, variaciones de temperatura, polvo, altura y ciclos de trabajo propios de la actividad minera. David Caro, gerente de Estrategia y Operaciones Comerciales de Toyota del Perú, lo resume así: "Para nosotros lo más importante no es solo la ficha técnica".
La unidad utiliza un sistema de tracción 4WD eléctrica mediante eAxles en los ejes delantero y posterior. Toyota todavía no precisa públicamente el modelo exacto ni sus cifras de autonomía, capacidad de carga, potencia o torque. En la Superintendencia Nacional de los Registros Públicos (Sunarp), el vehículo figura registrado como Toyota Hilux.
El dato que más llama la atención: 80% menos costo de energía
Tras las primeras semanas de evaluación, Toyota observa reducciones preliminares de alrededor de 80% en el costo de energía frente a un pick-up diésel tomado como referencia. Caro aclara que el porcentaje no debe leerse como un ahorro universal: depende de factores como la tarifa eléctrica y las características de cada mina.
Hasta ahora estamos viendo reducciones preliminares de 80% en el costo de energía, dependiendo de cada operación minera y de su tarifa eléctrica
explica el ejecutivo.
El dato cobra peso en un sector donde los pick-ups cumplen tareas de transporte de personal, supervisión y logística.
Pese al resultado, la compañía considera que comparar solo el precio de la electricidad con el del diésel sería insuficiente. Por eso apunta al Costo Total de Operación (TCO), que suma cargadores, mantenimiento, utilización, kilometraje y disponibilidad de la unidad. "Una unidad detenida puede tener un impacto mucho mayor que el ahorro de energía", advierte Caro.
La altura también afecta la carga
La infraestructura es otro frente de análisis. En condiciones normales, un cargador rápido DC de 60 kW permite pasar del 20% al 100% de batería en una hora. Sin embargo, el comportamiento cambia en altura. "En operaciones a gran altitud hemos observado que el propio cargador puede reducir su potencia disponible, lo que se conoce como derating, y el tiempo de carga puede extenderse hasta alrededor de 1 hora y 45 minutos", señala Caro.
El hallazgo confirma que llevar un pick-up eléctrico a una mina no se reduce a cambiar una camioneta diésel por otra con batería. También hay que definir dónde se instalará el cargador, qué potencia tendrá disponible y bajo qué condiciones ambientales trabajará.
Este es un buen ejemplo de por qué no basta con mirar solamente las especificaciones del vehículo
sostiene el representante de Toyota del Perú.
Transición gradual, no reemplazo inmediato
Los resultados tampoco llevan a Toyota a plantear una sustitución inmediata de los pick-ups diésel. La empresa sostiene que el proceso debe ser progresivo y concentrarse en las aplicaciones donde un vehículo eléctrico ofrezca mayores beneficios.
Por eso no esperamos que una mina cambie toda su flota diésel por 100% eléctricos (BEV) de la noche a la mañana
afirma Caro.
El siguiente paso consiste en identificar dónde esta tecnología genera más valor. Además de los cargadores, Toyota considera necesarios técnicos preparados, repuestos, herramientas, procedimientos de seguridad y un concesionario con capacidad de respuesta cerca de la operación. Primero hay que conocer cómo trabajan los vehículos de cada mina: cuánto recorren, dónde operan, cuánto tiempo permanecen detenidos y en qué puntos existe disponibilidad de energía.
La prueba abre la posibilidad de que Toyota incorpore en el futuro un pick-up 100% eléctrico para clientes mineros del mercado peruano, aunque la empresa no confirma fecha de lanzamiento. Caro describe estas primeras operaciones como una especie de Mining Lab, donde la marca busca entender el comportamiento del vehículo y preparar el soporte alrededor de la tecnología. "A raíz de estas experiencias y de la comunicación con Volcan, hemos recibido interés de varias empresas mineras y ya estamos conversando con nuevos clientes", señala.
Otros antecedentes en la minería peruana
La experiencia de Toyota y Volcan no es el primer acercamiento de los pick-ups eléctricos a la minería del país. En diciembre de 2025, la minera Poderosa incorporó una ZNA Voltera R7 con tracción 4x4 y batería de 77 kWh, destinada a operaciones de superficie y subterráneas a más de 4.000 metros de altura. También existen experiencias mediante leasing: compañías como Arval han introducido pick-ups 100% eléctricos para operaciones corporativas, mientras que el mercado peruano recibió propuestas como la Maxus eTERRON 9.
La minería presenta condiciones particulares frente a otros usos de la electromovilidad. Un pick-up puede recorrer rutas repetitivas y tener períodos definidos de detención, características que facilitan planificar las recargas. Pero también enfrenta pendientes pronunciadas, grandes alturas, temperaturas variables y terrenos de difícil acceso. Por eso Toyota considera que no existe un porcentaje único de electrificación aplicable a todas las minas.
Una unidad con rutas predecibles y acceso frecuente a energía puede ser una muy buena candidata para electrificación; otra puede necesitar una solución distinta
explica Caro.
Esa posición forma parte del enfoque de Múltiples Opciones Tecnológicas (Multi-Pathway) de Toyota, que plantea distintas soluciones de movilidad según la aplicación y las condiciones de cada cliente.
Además del posible ahorro energético, la compañía destaca el aspecto ambiental. Un pick-up 100% eléctrico no genera emisiones directas de CO₂ durante su operación bajo el criterio Tank-to-Wheel, un factor que puede contribuir a los objetivos de reducción de emisiones de las empresas mineras. La prueba en San Cristóbal-Carahuacra permitirá acumular información sobre autonomía, recarga, confiabilidad y costos en condiciones reales. Por ahora, el 80% de reducción preliminar en el costo de energía es uno de los resultados más llamativos, pero no el único: la electrificación de una operación minera exige resolver infraestructura, tiempos de carga, mantenimiento, repuestos y disponibilidad.